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Curso de Taoísmo · Clase IV

El Zen

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El zen es una corriente filosófica y espiritual que aparece en China en el s.VII, aunque los primeros «patriarcas del zen», como Bodhidharma, llegaron de la India, país originario del Buda Gautama, figura emblemática, histórica y mítica en torno a la cual se organiza y crece un sistema de creencias, una filosofía, una religión no teísta y una manera de vivir que se expandió y ganó fuerza por toda Asia, mezclándose con las creencias e idiosincrasia propias de cada región. En el caso de China, como veremos, recibió la fuerte impronta del confucianismo y del taoísmo, influjos esenciales para comprender el zen tal y como ha llegado a nuestros días.

Se cree que el Siddharta Gautama (el Buda) vivió entre el 559 y el 478 a.C. en el noroeste del subcontinente indio y que fue miembro de la aristocracia, renunciando a su rango y posición para llevar una vida de asceta, encontrarse con diferentes maestros y prácticas y llegar a un despertar espiritual (Buda significa el despierto), a partir del cual se dedica a la enseñanza de un camino más allá de cualquier doctrina y creencia establecida, una ética basada en el autoconocimiento, la compasión y la autorealización.

No es hasta el 244 a.C. que encontramos las primeras escrituras budistas, el llamado Canon Pali, y en el 100 a.C. aparece el Budismo Mahayana. Podemos situar la división de las tres grandes corrientes budistas por esta época. Estas corrientes son el Budismo Theravada o camino de los sabios, practicado en Tailandia, Indonesia y en general el sudeste asiático; el Budismo Mahayana o del gran vehículo, que se extendió por India, China, Corea y Japón, entre otros, y el Budismo Vajrayana o tántrico, considerado esotérico y presente en Tibet, India y China.

Es dentro del Budismo Mahayana, que llegó a ser altamente institucionalizado y potente a nivel político, que aparece el movimiento del zen como un revulsivo o, hasta cierto punto, un movimiento de reforma que pretendía volver a la esencia de la enseñanza del Buda, haciendo suyo su inconformismo hacia las formas establecidas y recuperando la idea de una búsqueda propia.

Zen, llamado son en Corea y chan en China, es una palabra que proviene de chana, forma China del dhyana sánscrito o jhana pali, que significa estado de meditación o concentración profunda. Y es que la meditación «desnuda», el estado de concentración, vacío y calma plena, va a ser la clave en torno a la cual se desarrolla toda la práctica del zen, aunque en su desarrollo en China, veremos como se incorporan otros elementos procedentes de la mentalidad más práctica y menos especulativa de los chinos que le dan al zen un carácter especial y muy distintivo respecto a otras formas de budismo.

Características y prácticas propias del Zen

El Zazen

Significa «simplemente sentarse», sin pensamientos, sin imágenes, sin meta, sin objeto. Esta práctica parte de la idea clave de que todos ya somos Buda y mediante la práctica llegamos a advertir nuestra propia naturaleza, pero para ello hay que abandonar toda intencionalidad o deseo. El zazen se transmite de maestro a discípulo, algo muy propio de esta tradición, basada mucho más en la «osmosis» personal que en las escrituras o el aprendizaje mediante el estudio. Esto universaliza la posibilidad de llegar a ser patriarca o maestro zen, pues no importa el origen o la extracción social del aspirante, todos poseen la naturaleza del Budha. Existen multitud de relatos de los viajes y peregrinaciones que el discípulo hace hasta llegar al maestro y las pruebas a que debe someterse para ser aceptado.

Samu

El samu es el trabajo voluntario al servicio de los demás en el que se extiende el estado meditativo. Algo muy característico del zen es que rechaza ser asociado a cualquier tipo de dogma, fe, creencia u objeto de culto particular. Su punto de vista trasciende la oposición entre lo sagrado y lo profano, por eso el trabajo más humilde, la acción más corriente, es equivalente al rito más refinado. En los monasterios zen, parte de la instrucción comprende trabajos de limpieza y servicios a la comunidad. Podemos ver en estas ideas el influjo taoísta.

Koan

Los primeros koan datan del siglo XI, así que es una práctica que probablemente no estaba presente en los inicios del zen, aunque se ha hecho muy característica de éste. Un koan es un «problema» que el maestro da al discípulo con el fin de que lo «resuelva» y, al hacerlo, descubriera una verdad. La dificultad reside en que normalmente, no se trata de problemas que puedan resolverse desde la racionalidad común, sino que están diseñados para crear un impacto o una experiencia reveladora. Un poco al modo como vimos que Zhuangzi planteaba sus relatos. Veamos un ejemplo:

Un monje preguntó al maestro Chimmon: «¿Cuál es la esencia de la sabiduría?» Chinmon dijo: «La ostra engulle la luna llena.» El monje preguntó: «¿Cuál es la acción de la sabiduría?» Chinmon respondió: «La liebre concibe con la luna llena.»

Este koan, críptico de por sí, aun lo es más para nosotros occidentales, ya que las referencias a la ostra y la liebre y la luna tienen que ver con la mitología china. De todos modos, el objetivo o resolución del problema no consiste en dejarse llevar por las palabras sino en «ser uno con el koan asignado».

Tipos de Koan: 1) Cuerpo del dharma: el neófito experimenta un despertar inicial y supera una primera barrera; 2) Acción dinámica: el aprendiz vuelve de la realidad última del samadhi (o satori, en japonés) al mundo concreto de cada día; 3) Explicación de las palabras: muestran la imposibilidad de hallar la verdad en las palabras y en los escritos; 4) Ocho difíciles de atravesar: conducen a una crisis espiritual; 5) Cinco rangos: se clasifican y se rigen a través de las crípticas reglas del I Ching; 6) Diez serios preceptos: se refieren a principios morales budistas que indican que la finalidad de la práctica de los koan no es obtener el propio beneficio sino el de todos los seres.

Manifestaciones Artísticas

Uno de los aspectos más interesantes del zen son sus manifestaciones artísticas, o cómo su visión se acerca e impregna las artes y las comprende como articulaciones de la experiencia zen de la realidad.

Como vimos en el samu, el zen trata de extender la experiencia meditativa a todos los aspectos de la vida, pero es en el arte donde lo vemos realzado. El aprendizaje artístico era entendido como parte de la disciplina espiritual a que se sometía el artista y la ejecución de la obra de arte era una expresión directa de su despertar. Así el artista a menudo debía prepararse mediante muchas horas de meditación y vaciarse de sí mismo para desvelar la realidad en toda su pureza y belleza en la obra.

El artista debe dejar que la obra de arte misma se realice a través de él en un acto aparentemente espontáneo.

El proceso de aprendizaje basado en la interiorización de ciertas reglas, crea las condiciones de posibilidad para que emerja la espontaneidad y personalidad del artista.

Vaciar el corazón y la mente hasta que pueda emerger aquello que su proyección subjetiva le impedía advertir y que corresponde a la verdadera naturaleza propia, la budeidad, presente en todos los seres.

El artista zen se siente parte integrante del orden universal siempre cambiante e impermanente de la naturaleza y actúa en conformidad con ella. El pintor que retrata un bambú no pinta un objeto: se vuelve él mismo bambú.

La obra de arte zen manifiesta la tensión dinámica entre el vacío y la forma, el reposo y el movimiento, el silencio y las palabras.

Las vías artísticas del zen

(do equivale a dao o tao)

Kado

Es la vía de las flores y los jardines. Alrededor de los templos zen a menudo se creaban jardines que expresaban el orden propio de la naturaleza pero con un punto sublimado de belleza, como enalteciéndola. Existen muchos tipos de jardines zen, pero los más conocidos son los llamados jardines secos, compuestos únicamente de arena blanca y rocas que son abstracciones de paisajes, expresiones de la impermanencia e invitaciones a la meditación. Dentro del kado encontramos también el ikebana o arte de composición floral a partir de flores cortadas. La flor cortada es separada de la vida natural, de su raíz, de su búsqueda por sobrevivir y negar el tiempo. Una vez sin raíces y sin poderse reproducir, expresa puramente la naturaleza finita como una aceptación de la temporalidad y lo efímero.

Sado o Chadao

El simple echo de tomar un té se transforma en un acto espiritual y meditativo cargado de significado. La compleja ceremonia tradicional china se simplifica y transforma en un rito de igualdad, humildad y trascendencia. El té ceremonial se tomaba en una cabaña de pocos metros cuadrados a la que se accedía a través de un sendero sinuoso por el jardín, símbolo del viaje de la vida. La pequeña entrada obligaba a todos los participantes a agacharse un poco, igualando su extracción social. En la cabaña, austera, solo uno o dos elementos decorando la estancia, una pintura o un ikebana que eran motivo de contemplación. El fuego, el agua y el acto humilde de preparar el té nos remite a la contemplación de lo cotidiano y el gozo y la entrega al gusto a dejarnos llevar por lo maravilloso de la naturaleza.

Shodo

Es la vía de la escritura y de la pintura, que en China son artes que frecuentemente se mezclan y complementan. En la pintura y la escritura zen el equilibrio asimétrico entre los elementos es una metáfora de todo lo que es, la estabilidad, la certeza del absoluto eterno y la fluidez que remite a la penetración de este absoluto en todo ser sin quedar nunca fijado en ninguno en particular. Son típicos el uso de la tinta aguada y muy poco color, así como el trazo libre y espontáneo, evocativo. Se trata de una pintura que no admite retoques ni correcciones y esto es algo esencial a este arte en que la representación y lo representado se unen a través del flujo y la huella del tao.

Haiku y Renku

La vía poética es una de las más conocidas y características de la divulgación del zen en occidente. En casi todas las librerías podemos encontrar recopilaciones de haikus antiguos y modernos. Aunque es una forma de expresión realmente muy propia de la sensibilidad china y extremo oriental. El haiku está emparentado con el koan y plasma una iluminación pasajera en que vemos la realidad viva de las cosas. Trata, a través de una brevedad y una estructura fija, de cristalizar el momento específico de una experiencia contemplativa.

Anoche cubrí
mis hijos dormidos
y el ruido del mar.

Watanabe Hakusen

Pareciera que el sapo
Va a expeler
una nube

Kobayashi Issa

El Renku, por su parte, es un ejercicio compartido en que dos poetas van encadenando sus haikus, también en base a unas reglas, como una meditación conjunta.

Teatro Noh

Se trata de una combinación de artes escénicas que incluye música, danza y teatro que nace en Japón en el siglo XIV. Es una forma sin decorado, sin accesorios y en la que acción se reduce al mínimo y ha de producir una determinada tensión en el espectador. Podemos encontrar también cierta semejanza con la danza butoh, en la que es el espacio el que se mueve alrededor del bailarín o la bailarina.

Budo

El budo es la vía de las artes marciales, con o sin armas y, aunque coge muchísimas cosas del zen, desarrolla y crece mucho tanto en técnica como en espiritualidad propias. Se ensalza el autodominio, la agudeza y la entrega del guerrero para lograr un estado semi meditativo de imperturbabilidad y alerta.

Taoismo y Zen en paralelo

El zen, como el taoísmo, se expresa abiertamente contra las palabras y recalca que se funda en una experiencia inefable, aunque a lo largo de su historia produce una amplia y variada literatura. La diferencia quizá, está en el énfasis que el zen pone en la transmisión maestro-discípulo, una transmisión silenciosa y de espíritu a espíritu.

Sombras de bambúes barren las escaleras

y no mueven ni una sola mota de polvo;

rayos de luna penetran el estanque,

y no queda una sola marca en el agua.

Aunque cada escuela del zen ponga el acento en un aspecto doctrinal o método de práctica concreto, todas consideran éstos como meros medios, útiles en la medida que ayudan a alcanzar un determinado estado espiritual, pero que deben ser abandonados una vez utilizados, como la barca que debe ser abandonada tras cruzar el río. En el taoísmo las prácticas son incluso menos importantes en el sentido espiritual.

El budismo, al igual que el taoísmo, se basa en el reconocimiento de la radical transitoriedad de todo lo que existe. La ininterrumpida sucesión de cambios que es la «rueda de la existencia» nos crea una falsa ilusión de estabilidad y nos hace vivir en una constante insatisfacción. En el budismo este ciclo se rompe con el nirvana, la extinción de todo deseo que nos ata a la existencia. El taoísmo es obviamente distinto en este punto, ya que no hay liberación, ya se es libre. Así el camino del tao se acerca más al budismo madyamika (para el que samsara y nirvana son lo mismo) de Nagarjuna que al zen, que sigue siendo una vía a la liberación.

La doctrina de la vacuidad de toda forma o fenómeno, de la ausencia de sustancia o fundamento está presente en el budismo antes de su encuentro con el taoísmo. Sin embargo es en el dialogo entre ambos que aun cobra más fuerza y matices. Podemos ver cómo se la hace suya incluso el célebre filósofo Alemán, Martin Heidegger, en sus últimos escritos.

Otro paralelismo lo encontramos en la idea budista de la interdependencia de todas las cosas. En la medida en que la realidad no está formada por entidades separadas y fijas, toda forma de existencia es relativa y depende del resto para existir (lo que en pali se llama pratityasamutpada). Encontramos una formulación que llega a nuestros días a través del monje zen vietnamita Thich Nhat Hanh, que además de ser exponente del activismo espiritual del zen, tiene un proyecto basado precisamente en la idea de Interser. Aunque no encontremos explícitamente una idea así en los textos taoístas, podemos recordar el cuento de Zhuangzi del sueño de la mariposa.

El zen adopta de forma directa la idea taoísta de wu wei, la acción en la no acción y la no acción en la acción. La acción no intencional, amoral, más allá de las categorías de bien y de mal. Sin embargo no significa que toda acción se considere válida. Veamos una formulación de la ordenación de los monges Dogen: «Con el corazón puro, voto abstenerme de toda mala acción, voto cultivar la virtud y la perfección, voto domar totalmente la mente.»

Más allá del aspecto práctico, wu wei expresa la no contradicción entre quietud y movimiento que podemos encontrar formulada en el Hsin Hsin Ming: «Cuando la acción y la no-acción dejan de ser, desaparece incluso la unidad. El movimiento y la quietud sólo afectan a la pequeña mente, pero la mente despierta los trasciende a ambos.» Wu wei coincide con el centro silencioso que permanece inmutable en medio de la actividad; con olvidarse de uno mismo y convertirse completamente en algo, o en nada. Es actualizar la vacuidad y, en consecuencia, trascender la dualidad.

La ausencia de propósito que propugnan el taoísmo y el zen puede encontrar una analogía en el término sánscrito lila, que se refiere al juego de Brahman Saguna al crear el universo fenoménico, ocultándose a sí mismo, sin ningún propósito separado del proceso. La dialéctica de la ignorancia y la liberación es el juego del escondite que Dios juega consigo mismo.

Cuando Jakob Boheme habla de la vida interna de Dios también se refiere a ella en términos de «juego»: «Adán debió estar muy contento de jugar con la naturaleza en el paraíso.» La caída de Adán tuvo lugar cuando se tomó demasiado en serio aquel juego, es decir, cuando la naturaleza se convirtió en fines y medios.

Finalmente, también el Maestro Eckart nos dice: «Hazlo todo desde el centro de tu alma, sin «por qué» alguno. (…) Si le preguntas a una persona autentica, es decir, a una persona que actúa desde el fondo de su corazón: «¿Porqué estás haciendo eso?», esa persona te responderá del único modo posible: «¡Lo hago porque sí!»

Y volviendo al Tao Te King:

No albergues intención alguna si quieres contemplar su maravilla.

La presencia de la intención sólo permite ver su limitada apariencia.

En este fragmento el término miao se ha traducido como «maravilla», pero también lo encontramos traducido como «sutileza», «secreto» o «maravilla interna». Se refiere a la aprehensión espiritual de la realidad que constituye la experiencia del Tao. El término chiao, que significa forma o apariencia también puede traducirse como «resultado», «borde», «manifestación» o, incluso «frontera». Refleja el modo en que dividimos el Tao indiferenciado en multiplicidad de formas distinguiendo a una cosa de otra. Y ese es el primer paso de la ignorancia, a la que siguen el deseo y el sufrimiento. Volvemos pues a la cuestión del vaciarse, «olvidarse de uno mismo» para Ser lo que ya se es, el Buda, el Tao, la Consciencia ilimitada.