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Curso de Taoísmo · Clase III

Laozi y el Tao Te King

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Laozi

Laozi significa «anciano maestro» y es el nombre con que se conoce a la figura más emblemática del taoísmo y también a su obra (aunque en occidente se la suele denominar Tao Te King). No se sabe con exactitud cuándo vivió; la leyenda lo sitúa en el s.VI a.C., pero la mayoría de expertos están de acuerdo en que debió vivir más tarde, hacia el IV a.C., siglo del que data la copia más antigua hallada de su obra sobre pergaminos de bambú. Una de las leyendas sobre él es que nació debajo de un ciruelo y su primer nombre fue Li-Er, orejas de ciruelo. Otros afirman que fue contemporáneo de Confucio y trabajó como archivista de la corte imperial Zhou. En un tercer relato era el astrólogo de la corte, Lao Dan, que vivió durante el reinado del duque Xian de Qin.

Retrato tradicional de Laozi
Laozi, el «anciano maestro».

No podemos saber con exactitud detalles de su vida e incluso podemos dudar de que todos los capítulos del Tao Te King salieran de su mano, pero podemos abordar este texto y sus enseñanzas con calma, ya que presentan el lado más filosófico y cosmológico del taoísmo. Para ello nos encontraremos con algunas dificultades, como la de la traducción (hay enormes diferencias de una traducción a otra), pero, si nos embebemos de la propuesta taoísta tal como nos proponía Zhuangzi, podemos dejar que la lectura sea una experiencia en sí misma.

El Tao Te King es un estudio de la Naturaleza en el sentido más amplio del término. De la naturaleza humana, de las cosas, de la vida y del universo.

Temas y características del Tao Te King (Laozi):

El Tao es el principio de realidad. Rige lo existente y lo no existente; es el ser y el no ser; es el cambio y la quietud. En cierto sentido, Unifica el Taiji y el Wuji. Cualquier dualidad le es ajena.

Se insiste en los errores de la inteligencia, la ambición y la presunción. La consecución de un fin te aleja del mismo. Como el arma demasiado afilada que se quiebra, un extremo desemboca en su opuesto.

Todo esfuerzo es contrario al Tao. Dejarse caer en la propia naturaleza hace a los hombres buenos y representa la mayor libertad.

Elogio de lo femenino; lo blando; lo débil; el elemento fluido.

El Tao es a veces igual y a veces anterior al Uno. El taoísmo entra en relación con el monismo y creencias circundantes de origen más occidental.

El poder o la verdadera misión de las cosas la encontramos su vacío. Por ejemplo, toda la virtud de la vasija está en el espacio vacío que envuelve. Esto podemos tomarlo como metáfora en el sentido de que lo que es vacío, el silencio, la quietud… nos conectan con lo no manifestado, es decir, nos permiten acceder a la dimensión original de las cosas, el Tao, que es la que dota de significado a su manifestación.

El Tao es incognoscible e inefable «el Tao que puede ser expresado no es el verdadero Tao». Como en el Zhuangzi, es vano tratar de hablar del Tao o tratar de conocerlo mediante los sentidos o el raciocinio, pues lo infinito escapa a los medios finitos. Afortunadamente podemos llegar a él a través de nuestra propia virtud o esencia.

El Te

El Tao, por una parte trascendente, por otra, a medida que se manifiesta, se hace inmanente en los seres. Y a eso es a lo que Laozi llama Te, la «virtud» del Tao.

El sinograma Te está formado por tres componentes gráficos que significan: caminar; mente (corazón) y rectitud. Desde los tiempos antiguos se usaba para representar una buena conducta o una conducta virtuosa. De ahí que sea de uso común traducirlo por «virtud» y que hoy en día forme parte de los términos dexing y daode en el chino moderno, que traducen nuestro término virtud en un sentido moral. Sin embargo, en el taoísmo, el sinograma Te va a adoptar el significado que corresponde más a la etimología del latino virtus: fuerza; eficacia; poder.

Caligrafía del sinograma De (Te), la virtud
El sinograma 德: la virtud o eficacia del Tao.

Se trata pues de la virtud o la eficacia del Tao, que se manifiesta al particularizarse en los seres y más, que la particularidad, se convierte en la singularidad o la esencia de cada una de las cosas. El Te es entonces el puente entre el Tao, infinito e incognoscible y la multitud de las cosas, lo absoluto y lo relativo, como si fuera algo así como su canal de manifestación, un puente que no es distinto a las orillas que une. Ese es el profundo y elevado sentido del Tao y de su Virtud. ¿No nos remite acaso esta idea a la de la función relacionada con el vacío?

En Laozi no es posible interpretar el Tao como una «causa primera» o una entidad creadora, pues nada realmente se crea en el mundo y el mundo mismo no es creado. El Tao no es una sustancia sino un proceso, el camino que siguen los seres, lo que permanece en el cambio y el cambio mismo. En este sentido podemos encontrar algún paralelismo con el presocrático Heraclito. Mas no perdamos de vista que hablar de camino es sólo una metáfora, aquí las 3 dimensiones en las que se mueven nuestros sentidos físicos cambian de significado. El camino del Tao es un camino que lleva a sí mismo.

El Tao como la Nada

Hemos visto ya la importancia del vacío, la vacuidad y lo que no es o no existe (wu) en el pensamiento taoísta, pues el Tao incluye esta dimensión aparentemente «negativa» de la realidad. La vacuidad o sunya será un concepto muy importante en algunas corrientes posteriores del budismo mahayana que incorporarán algunos elementos del taoísmo (como el ch’an o el madyamika), el sunya, no debe entenderse como pura negación, es en occidente que sufrimos del famoso «horror vacui» del que hablaba Aristóteles. Nuestra idea de vacío está embebida de miedo.

En oriente el vacío es equivalente a la plenitud, al infinito y está cargado de potencialidad, así que tampoco es necesario «doblar el mundo» en el sentido del idealismo platónico, por ejemplo. Podemos hacer la analogía con la mente que, aun quieta, es capaz de imaginar infinitos mundos que reposan en ella.

Así, en el Tao Te King encontramos definiciones del Tao como «forma de lo sin forma, imagen de la vacuidad». Pero también «Ser y no-ser se engendran mutuamente»; «Las cosas del mundo nacen del Ser (y) nacen del No-Ser» e incluso llega a identificar la Nada con el Ser, «Tienen ambos el mismo origen, diferentes nombres que vienen a decir lo mismo». Quizás es precisamente el nombrar lo que inicia la problemática. Es esta una de las formulaciones advaitas más literales que se puede encontrar.

El elogio de lo femenino

Siguiendo la lógica de la que ya hemos hablado, lo débil y suave, lo blando, maleable y humilde conducen en realidad a la mayor fortaleza. El agua que ocupa los lugares más bajos del valle, con su ausencia de color y de forma, es capaz de horadar montañas, de transformar toda la naturaleza. Por eso el agua, el recién nacido y lo femenino son imágenes del Tao y, por consiguiente, guías para el sabio. Lo femenino representa el aspecto receptivo, pasivo y sin embargo nutritivo y creativo. Por eso el Tao es nombrado en ocasiones por Laozi como la Gran Madre.

Conoce lo masculino,
pero mantente en lo femenino,
y hazte barranca del mundo.
Si te haces barranca del mundo
no abandonaras la Virtud permanente,
retornarás al estado de recién nacido.
Conoce lo blanco (la claridad),
mantente en lo negro (la oscuridad),
hazte la norma del mundo,
No habrá yerro en tu Virtud permanente,
retornarás a lo que no tiene límites.
conoce el honor,
mantente en la deshonra,
hazte vaguada del mundo.
Si te haces vaguada del mundo,
bastante será tu permanente Virtud,
retornarás al estado de leño.
Divídase el leño y se vuelve en utensilios,
usa de él el sabio y alcanza a ser señor de mandarines.
por seo un gran gobierno no divide en partes.

Tao Te King, XXVIII

El mundo tiene un principio
que es la madre del mundo.
quien conoce a la madre
conoce (de vuelta) a la Hija;
y quien conoce a la hija
conserva en retorno a la madre;
desaparecido el yo, cesa todo sufrimiento.
Tapa las aberturas,
cierra las puertas
y acabarás tus días sin fatiga alguna.
Franquea las aberturas,
afánate en los negocios
y acabarás tus días sin salvación posible.
Ver lo menudo se llama clarividencia,
conservarse débil llámese fortaleza.
Usa de la luz
retorna a la clarividencia,
(porque) si no abandonas, será tu ruina:
y eso es unirse a lo permanente.

Tao Te King, LII

Un gran Estado,
(valle) al que descienden las aguas,
donde el mundo se concentra.
La hembra del mundo,
siempre la hembra con su quietud al macho vence.
con la quietud se puede ocupar el lugar inferior.
Por eso un gran Estado se abaja ante un pequeño estado
y así de él se apodera.
Un Estado pequeño se abaja ante un gran Estado,
y así se ve por él conquistado.
Por tanto, ora el uno se abaja para conquistar,
ora el otro se abaja y acaba conquistando.
Por eso el gran Estado sólo desea acoger y alimentar al otro;
y el pequeño Estado entrar al servicio del otro es solo lo que desea.
Para que tanto uno como otro obtengan lo que desean,
el grande habrá de abajarse.

Tao Te King, LXI

El hombre, al nacer débil y blando,
tórnase al morir fuerte y duro.
Las hierbas todas y los árboles,
Al nacer débiles y blandos,
tórnanse al morir secos y tiesos.
Por eso fuerza y dureza son atributos de la muerte,
debilidad y blandura atributos son de la vida.
Por eso las armas fuertes no vencen,
el árbol vigoroso muere.
Lo fuerte y lo grande están debajo,
y arriba lo que es débil y lo que es blando.

Tao Te King, LXXVI

Nada hay en el mundo más blando y débil que el agua,
mas nada la supera en vencer a lo recio y duro,
pues nada en ello puede ocupar su lugar.
Lo débil vence a lo fuerte,
lo blando vence a lo duro;
nadie en el mundo lo ignora,
mas en el mundo nadie es capaz de atenerse a ello.
Por eso dice el sabio:
«Sólo quien hace suyos los oprobios del Estado
es digno de llamarse señor del país;
sólo quien hace suyos los infortunios del Estado
es digno de llamarse soberano del mundo».
Las rectas palabras parecen significar lo contrario.

Tao Te King, XXVIII

El Tao es permanente, leño sin nombre
al que, pese a ser pequeño,
nadie en el mundo es capaz de avasallar;
si señores y monarcas lo pudieran conservar,
serían como huéspedes para los infinitos seres.
Cuando el Cielo y la Tierra estaban unidos,
se desprendía dulce rocío.
Como entre las gentes nadie daba órdenes,
se tenían por iguales.
Empiezan las jerarquías y con ellas aparecen los nombres,
habiendo aparecido los nombres,
habrá que saber detenerse;
Sabiendo detenerse se podrá dejar de sufrir.
Se podría comparar lo que el Tao es para el mundo
con lo que para los pequeños valles es el Río o es el mar.
El Uno

Tao Te King, XXXII

El Uno como lo que es, como el Ser o como la Unidad de todos los seres es un concepto ausente en los primeros taoístas pero presente en Laozi y, aun en este mismo, el Uno aparece a veces como equivalente al Tao y otras veces claramente el Tao es anterior al Uno. En un monismo se resuelve la dualidad, pero se pierde su dinamismo, por eso el Tao mantiene su misterio y es aquello que le da vida, que engendra la unidad: «El Tao engendra al Uno, el Uno engendra al Dos, el Dos engendra al Tres, el Tres engendra a los diez mil seres.»

La expresión «Gran Uno» parece que no es de origen taoísta sino que fue asimilada de otras tradiciones y de algún modo incorporada. Curiosamente las secciones del Tao Te King en las que el Uno se equipara al Tao están ausentes en la primera copia del mismo, que es la que apareció en la tumba de Guodian. En el Zhong-xiaji, uno de los libros del Lushi chunqui, texto no taoísta pero de la época de Laozi encontramos la descripción del proceso evolutivo universal del siguiente modo:

Gran Uno => Los dos principios => El Yin y el Yang => El Cielo y la Tierra=> El Sol y la Luna => Las estrellas y las constelaciones => Las cuatro estaciones => Los infinitos seres.

En el Jiuge «Nueve Cantos», obra que refleja en gran medida el chamanismo de la antigua China, se habla de ofrendas al Gran Uno. Algunas escuelas lo veneraron como un dios solar, con lo que su figura y lo que ésta representaba se relaciona muy estrechamente con los cultos solares arios (mazdeísmo, mitraísmo, Bon de la Sauvástika). Encontramos aquí un diálogo entre tradiciones interesante. De los mismos orígenes chamánicos en áreas del Asia central derivaron tradiciones muy «patriarcales», clanes guerreros que transformaron profundamente sociedades que veneraban a la Diosa Madre. El taoísmo presenta una mezcla y un refinamiento de ambas visiones.

Enso, círculo pintado de un solo trazo
El ensō: el círculo trazado de una sola vez, sin corrección posible.