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Introducción al Advaita · Clase V

Advaita-Vedanta II: Nisargadatta Maharaj

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Resumen de la teoría esencial

Brahman es la Consciencia Absoluta, infinita y autoresplandeciente que trasciende toda dualidad entre sujeto y objeto y que, en tanto que «testigo» (saksin), no puede verse reducida a la categoría de objeto. Puesto que Brahman carece de atributos y lo impregna todo, quizás su mejor definición sea la de que es «el Uno sin segundo» porque, fuera de él no existe nada y es fundamento de todo. Es por ello que el Atman, el Yo verdadero que constituye la verdadera esencia de cada uno de nosotros, es idéntico a Brahman. Ello es lo que sintetiza la sentencia upanisádica «Eso eres tú» Tat vam asi.

Mientras que Sankara en el Vakyavrtti (análisis de la sentencia) nos proporciona un examen muy pormenorizado de la afirmación de las Upanisad, otros autores, entre ellos el conocido Nisargadatta Maharaj, del que hablaremos, le dan directamente un valor práctico, como una llave por la que entrar a un estadio meditativo en el que la realidad se revela por sí misma.

Sankara utiliza la forma del diálogo entre maestro y discípulo para su análisis, que comienza por la querida vía negativa del vedanta, es decir, llevando al discípulo a reconocer lo que él (el Tú de la sentencia) no es. Esta vía es la que permite romper con las identificaciones, principal escollo. Dice el maestro: 15. Tienes que considerar atentamente esto: así como aquel que percibe un jarro es distinto del jarro mismo, y de ninguna manera está identificado con él, del mismo modo, yo que percibo el cuerpo tosco no soy el cuerpo tosco. 16. Del mismo modo, reconoce que se llega a la siguiente conclusión: yo –que soy testigo de los órganos sensoriales [etc.]- no soy esos mismos órganos. Medita, pues, así: yo no soy ni la mente ni el intelecto, ni tampoco la fuerza vital 17. Ni tampoco [su] combinación. Discierne claramente y con inteligencia que el Testigo-vidente [puro conocedor] es distinto de todo lo que es un objeto de percepción. Esta vía la utiliza Sankara para mostrar al discípulo una parte de la sentencia, el «Tu» a cuya esencia sólo es posible acercarse por negación. Pues, en realidad, el Yo no puede ser objeto, ni siquiera de sí mismo. Más adelante va desgranando lo que es «Eso» , tanto mediante al negación de la superposición como mediante su afirmación directa 29. Aquel que trasciende totalmente toda condición limitadora del devenir (…) 30. más allá del cual no hay beatitud ulterior; que es unicidad absoluta de existencia y conocimiento; que es definido como el ser autoexistente y es Plenitud… Y también llamando a la autoridad de la sruti (textos sagrados) dice 34. Conoce a Brahman como Eso que en las Upanisad es definido con extremo cuidado como el objeto de la búsqueda de aquellos que aspiran a la liberación. 35. Conoce al Brahman como Eso del que se habla en los Veda respecto a su compenetración con los jivatman y a la función de sustentamiento que, [aunque no agente], ejerce para con ellos. De este modo, abandonando los sentidos directos del «Tu» y el «Eso» se llega a comprender que la identidad más íntima (el jiva) se disuelve en la propia esencia que es la Unidad absoluta y plenitud de bienaventuranza (Brahman).

Volviendo a las Upanisad se nos muestra de qué modo este reconocimiento de identidad con lo Absoluto termina con la dualidad: «Cuando hay dualidad, uno ve…algo. Pero cuando el conocedor se ha convertido en el Yo ¿qué podría uno ver y a través de qué? (…) ¿A través de qué podría uno conocer al conocimiento, a través de qué -¡Oh Maitreyi!- puede conocerse al Conocedor» BU. No hay un «a través de qué» porque toda organicidad se muestra como una ilusión, toda separación es una ilusión. Espacio y tiempo colapsan en un eterno ahora.

Tiempo, Causalidad y Memoria

En las dos primeras clases, hablando de la experiencia dual y no dual vimos cómo la sensación de identidad era «algo» (una ilusión) que emergía de una superposición de percepción, acción y pensamiento que, pese a tener todos origen en un substrato no-dual, en los nodos en los que convergían producían dualidad: objetivación; conceptualización; intención (ver esquema). Estas primeras separaciones o discontinuidades que conforman nuestro estar o actuar en el mundo nos llevaban a buscar una suerte de continuidad que creemos hallar en el hilo de la memoria y la causalidad, que también fueron puestas en cuestión. Poniendo en relación lo tratado con el budismo madyamika y Sankara y empezando a introducir a Nisargadatta, quien nos habla muchísimo de estos temas, quizás podamos agregar alguna cosa más.

El modo de ver la identidad como superposición-ilusión es un modo que coincidiría bastante con el vedanta advaita, no obstante, también tiene mucho sentido y es muy cercano a nuestra experiencia, ver la sensación de identidad no tanto como algo que emerge sino como a una carencia que sólo puede ocultar su vacuidad alejándose de sí misma (siempre en fuga), es decir, proyectándose en el próximo pensamiento, acción o lo que fuere a través de un proceso que llamamos ambición, deseo, expectativa… Como si la superposición, en realidad, generara una neutralización o un vacío de ser… Podría de ser que incluso fuera una contradicción, que es a lo que constantemente Nisargadatta nos apuntará y que vimos que ocurría con el tema de la intención.

Nos dice David Loy que la continua postergación y el deseo incesante generan el tiempo y la causalidad (abren el gap). Aunque las conclusiones nos alejarían de Nagarjuna, sí que parece que la idea de un yo vacuo que huye de sí mismo y se proyecta nos toca. Vemos que lo hacemos, incluso si afinamos un poco la vista podemos ver el modo cómo proyectamos la carencia y la huida en los demás, en los objetos, en los proyectos… y vamos creando más sufrimiento y más caos. ¿Cómo así? Nisargadatta no tiene problema en afirmar que la experiencia común es dolor y que la búsqueda del placer o la satisfacción e incluso su experiencia sólo es posible sobre este fondo de dolor. Recuperando también algo que decíamos la primera clase, existe una primera herida que es el no reconocimiento de nuestra propia esencia y el experimentarnos como separados. Algo nos falta y entonces nuestra experiencia es vacua. La continua falta, el ansia, la necesidad de asirse, el apego, son los que generan lo que llamamos tiempo, la continuidad que crea y relaciona todas las cosas como causas y efectos alrededor de un yo que experimenta un mundo.

Toda esta emergencia que nos parece tan evidente y verdadera, para el Advaita Vedanta no es más que una ilusión y una proyección que nos mantiene atados al Samsara.

La cuestión del tiempo también resulta crucial en esta deconstrucción o camino de vuelta al origen y algo que deberíamos preguntarnos es: ¿Es el cambio incesante el «hecho último» o existe una realidad inmutable detrás o dentro de esa impermanencia»? La respuesta a esta pregunta es importante (es la clásica pregunta por el ser del devenir o el devenir del ser), porque en el primero de los casos nada podría escapar a este dinamismo, mientras que, en el último, el tiempo sería, en cierto modo, ilusorio o irreal. Tiempo y fenómenos son algo que va inevitablemente ligado. Mientras que nos parece evidente la experiencia del «todo cambia» y «el cambio es lo único que permanece», Spinoza nos dice que «Nunca dejamos de sentir y experimentar que somos eternos». Este hilo de experiencia es el camino de vuelta. Salimos, felices, a ciegas.

Si sólo existe el flujo del cambio, también existe lo que no cambia. Y esto no es ninguna contradicción puesto que el primer término implica el segundo en función polar. Si existe algo inmutable «por debajo»… ¿qué realidad le quedaría a lo que fluye? CONVERTIR AL TIEMPO EN ALGO ABSOLUTO ES LO MISMO QUE NEGARLO. Parménides y Heráclito se dan la mano ^^ Por lo tanto, el único modo de deshacer el entuerto es encontrar la integración del ser en el devenir y del devenir en el ser. De nuevo, deshacer la dualidad, no negando uno de sus polos, sino integrándolos en una conjunción, es el único modo de no caer en una contradicción (y aun así, hacemos equilibrios).

El tiempo sí es algo elaborado por nuestra mente y es un proceso de síntesis y conexión de constantes experiencias-ahora que tiene cierta similitud con cuando descodificamos el sentido de una frase. Aparecen una serie de sonidos que nuestra mente lleva hacia al pasado (memoria) y conecta entre sí para establecer un hilo conductor. La experiencia del tiempo tiene mucho que ver con la causalidad y el sentido. Es como una lucha por dar linealidad a la vida. Bergson diría que es una espacialización de un tiempo que, en realidad se experimenta de otro modo, como duración.

Elemento clave de nuestra experiencia temporal, de nuestra identidad y de todos nuestros «problemas» es la memoria. En el recordar que, como veremos, tiene mucho que ver con el imaginar, de las cosas y experiencias nos hemos olvidado de nosotros mismos, de la esencia. Y la memoria aparece casi inmediatamente al hecho de ser consciente. Quizá no hemos incidido suficiente en el hecho de que hablar de consciencia, incluso de una Consciencia absoluta, implica la dualidad entre la consciencia y aquello de lo que es consciente. ¿Y no implica el ser consciente de algo una cierta retención de lo mismo, su perfilación interna, su imaginación (hacer que no esté presente o no exista en el mismo plano de realidad sino en otro; duplicar el mundo)? Si existe una consciencia absoluta que es consciente de sí misma, ¿no sería una consciencia que se imagina a sí misma como otra? En su introducción al Vakyavrtti de Sankara, Raphael nos dice: Tenemos, pues, «Eso» como Realidad-sin-segundo; lo Existente (el «Tu») como Imagen-reflejo de «Eso»; y finalmente, el mundo de nombres y formas o lo viviente, que representa la imagen de la imagen que, para Parménides, Platón, Plotino, etc., expresa justamente el no-ser. Es un proceso de degradación. Aquí ya en tres, la imagen y la imagen de la imagen. Salir de la dualidad implica que ya puede darse un proceso infinito, lo cual nos llevaría de nuevo a la unidad.

Podríamos entender que la imagen en la memoria o la intención sobrepuesta a la experiencia son precisamente la ilusión y el no-ser incluidos en el ser (algo así como la aparición de las upadhi o veladuras). El ser sólo puede ser experimentado y afirmado en el ahora atemporal.

Dice Dogen (maestro del Zen del s. XIII): «Ser-tiempo» significa que «el tiempo es existencia y la existencia es tiempo». La forma de la estatua de Buda es tiempo (…), todas y cada una de las cosas y de los seres de este mundo son tiempo (…). No debéis pensar en el tiempo como algo que sencillamente discurra, no debéis centraros exclusivamente en el aspecto fugaz del tiempo. Si el tiempo fluyese, realmente existiría una separación entre el tiempo y nosotros. Si pensáis que el tiempo es un fenómeno pasajero, nunca comprenderéis el «ser-tiempo».

Y dice Nagarjuna: Aquello que, considerado desde la perspectiva de la causalidad y de la dependencia, constituye el proceso del nacimiento y de la muerte, se revela, desde un punto de vista no-causal y más allá de toda dependencia, como el nirvana.

Nisargadatta Maharaj

Nisargadatta es un maestro contemporáneo en el que resuena el Vedanta más antiguo. Nació en 1897 en el seno de una familia muy humilde. Su padre trabajó de sirviente y luego vivieron en una pequeña granja. No recibió estudios, pero sí escuchaba atentamente a un amigo de la familia, un brahmín «desmasiado culto» para el pueblecito en el que vivían. Tras la muerte de su padre a los 18 años tuvo que emigrar a Bombay y allí pudo abrir un pequeño negocio de cigarrillos, se casó y tuvo hijos y una vida bastante «normal» hasta que un amigo lo llevó a ver al Siddha Rameshuar Majarásh que poco después fue su gurú. La realización le llegó unos tres años después, pero el no lo describe como una experiencia extática o trascendente de ningún tipo. Él dice que simplemente tomó seriamente lo que le decía su gurú y fue estableciéndose en el Ser. Murió en 1936 después de haber recibido a muchos discípulos, muchos de ellos occidentales. Algunas de sus enseñanzas quedaron recogidas en el famoso «Yo Soy Eso», que hace eco de la afirmación de las upanisads de la que hemos hablado, entre otros.

Pese al título y dado a que no fue nunca un erudito sino un maestro que enseñaba con la práctica de la presencia, Nisargadatta alude constantmente a la experiencia del «Yo» o del «Yo Soy» (sin llegar al «Eso» que se revela por sí mismo). Mantenerse ahí, en ese antes de que las percepciones, conceptualizaciones, emociones, deseos, recuerdos, etc. aparezcan, es la llave a la realización.

Dice Nisargadatta que la memoria crea la ilusión de continuidad y que, en realidad, cada experiencia tiene su propio experimentador y la sensación de identidad se debe al factor común en la raíz de todas las relaciones experimentador-experiencia. Esta esencia es la raíz, el fundamento, la posibilidad atemporal y aespacial de toda experiencia. Hay que llegar a la comprensión de que el Yo es la fuente y el corazón de todo. Nada que pueda ser señalado puede ser este Yo.

Causación significa sucesión en el tiempo de acontecimientos en el espacio, ya sea este el espacio físico o mental. Tiempo, espacio, causalidad son categorías mentales que surgen y se sumergen con la mente y son completamente dependientes entre sí.

Algo en lo que Nisargadatta incide mucho es en la contradictoriedad de la mente y esta se revela también en la creencia en la causalidad, pues «Ninguna cosa en la existencia tiene una causa particular, sino que el universo entero contribuye a la existencia aun de la cosa más pequeña.» Esto se parece mucho a la omnicondicionalidad o el pratitya samutpada del budismo mahayana que, fenomenológicamente hablando, es equiparable a toda condición causal. Todo evento desde la perspectiva no-dual es total y completo en sí mismo, aunque depende del resto del universo y constituye una de sus manifestaciones. Precisamente por esa razón no se halla subordinado a ninguna otra cosa y deviene un fin incondicionado y libre en sí mismo. Todo lo que sucede es siempre la totalidad del universo; en ello el mahayana y el advaita vedanta coinciden.

El movimiento comprensivo pasa por superar las paradojas del tiempo y la causalidad (identidad entre sólo tiempo y no tiempo y entre omnicondicionalidad y no condicionalidad. David Loy nos dice que esta superación resulta imprescindible para comprender la doctrina trisvabhava (tres naturalezas) que nos presenta el Yogacara, escuela de pensamiento budista que en cierto modo se contrapone al Madyamika y es algo más cercana al Advaita-Vedanta, pero que tiene una orientación sobre todo hacia la práctica meditativa.

La Trisvabhava según Vasubadhu, uno de los principales pensadores del Yogacara nos dice que existen tres naturalezas:

  • Parikalpita-svabhava: la naturaleza imaginaria, que incluye el mundo de los objetos discretos que interactúan causalmente en el espacio y en el tiempo.

  • Paratantra-svabhava: la naturaleza interdependiente que es sólo tiempo y omnicondicionalidad.

  • Parinispanna-svabhava: la naturaleza no-dual absolutamente realizada en un eterno presente incondicionado.

Tanto para el madyamika como para el yogacara, la omnicondicionalidad representa la puerta que nos permite pasar de la ilusión a la iluminación. Vemos como el esquema dual, para llegar a la unidad del ser, se nos dibuja como triple.

Lo que debe realizarse no es algo separado de los fenómenos, algo absoluto que los trascienda, sino su auténtica naturaleza, que es también nuestra verdadera naturaleza, con lo cual todo funciona libremente como ippo-gujin, la entrega total a una sóla cosa que encarna o comprende al universo entero.

Volviendo al tema de la mente y sus contradicciones, central en la enseñanza de Nisargadatta. Él es capaz de darle un sentido positivo: Si vemos que estamos completamente condicionados por la mente y sus deseos, por la división entre placer y dolor, justo e injusto, interior y exterior; para ver el universo como es, hay que mirar a través de esta red mental y ello no resulta tan difícil, pues sus contradicciones son agujeros a través de los cuales podemos mirar. «Mire la red y sus muchas contradicciones. Usted hace y deshace a cada paso. Usted quiere paz, amor, felicidad y trabaja duramente para crear dolor, odio y guerra (…) Vea su red como hecha de tales contradicciones y suprímalas- su mismo verlas hará que desaparezcan. Estar libre de contradicciones resulta sumamente importante en el camino, pues la vía y el camino no deben estar en niveles diferentes; «la vida y la luz no deben pelearse». Creación y confusión de niveles es uno de los más habituales «falsos problemas» enumerados por Bergson, de los que probablemente hablemos la próxima clase. Si así es, la vida se convierte en un calvario.

Al disolver contradicciones, muchas de ellas inconscientes, se libera energía y la mente se siente adecuada y se torna más calmada. Ello sucede con la meditación, cuyo propósito último es alcanzar la fuente de la vida y de la consciencia. Cuando la mente está en calma, llegamos a conocernos a nosotros mismos como el presenciador puro. Para ello, la seriedad es la única condición del éxito. Al desechar todos los pensamientos excepto uno, el pensamiento «yo soy», las cosas comenzarán a acontecer espontáneamente y de forma completamente natural. Entonces uno encuentra su sí mismo real, swarupa y todo lo demás viene con él. En el camino, Nisargadatta aconseja llevar una vida integrada y mantener el corazón indiviso. Sin llegar a la condición que nos ponía Sankara en el inicio del Atmabodha, sí dice que la paz hay que merecerla, buscando una mente clara y un corazón limpio. Algo enteramente desconocido puede ser sentido pero no puede ser percibido, pues la percepción implica memoria. Por supuesto, y como hemos ido viendo a lo largo de las clases, tampoco es fácil hablar de ello. Es difícil desear o caminar hacia lo inimaginable, pero de lo que se trata precisamente es de dejar de imaginar, la llamada está dentro y es perfectamente audible.

Apartarse del mundo, verlo como una ilusión, centrarse en la renuncia y en el ser puede despertar recelos de tipo ético, pero desde su visión espiritual Nisargadatta insiste en que la consciencia de ser el Uno impide poder hacer daño: «sin pensar en el mundo, todo lo que yo hago le será beneficioso. Lo mismo que el cuerpo se pone bien inconscientemente, así yo estoy incesantemente activo poniendo bien al mundo.» Podríamos decir que el abandono del propio sufrimiento, contradictoriedad, deseos, apegos, intenciones… Ello de por sí ya es beneficioso para el Todo, que es regido por unas leyes fuera de lo que la mente y su control son capaces de proyectar.

El primer paso es una vida recta; el segundo el conocimiento de uno mismo y la meditación: Usted no puede abandonar lo que no conoce. Para ir más allá de usted mismo, debe conocerse. (…) ¿Pero, finalmente, qué soy yo? La negación última de todo lo que usted no es. Se insiste en dejar de afirmar, que es, dejar de imaginar.

Nisargadatta distingue entre ser consciente o estar consciente (que siempre implica ser consciente de algo) de la mera presencia o presenciación. No puede haber ninguna consciencia sin presenciación, pero puede haber presenciación sin consciencia, como en el sueño profundo

El conocimiento, tal y como comúnmente lo entendemos, sólo puede ser conocimiento de lo falso. El verdadero conocimiento uno debe serlo. Nombres y formas son un mero cascarón vacío, lo que es real es sin nombre y sin forma, pura energía de vida y luz de la consciencia, silencio de la realidad. Son descripciones que evocan a la experiencia del místico. La Realidad ES, no puede ser negada. La vía de la negación lo que nos proporciona es la salida de lo falso, entonces lo que queda, lo único que queda es lo real, que sólo puede ser afirmado.

El Ser no es El Universo: ¿No es la idea de un mundo total una parte de su mundo personal? El universo no viene a decirle que usted es parte de él. Es usted el que ha incentado una totalidad para que le contenga a usted como parte. (…) Usted está confundido debido a que cree que usted está en el mundo, no el mundo en usted. (…) Causas o no causas, usted ha hecho este mundo y puede cambiarlo.

Hay sólo luz y la luz es todo. Todo lo demás no es más que una imagen hecha de luz. La imagen está en la luz y la luz está en la imagen. Vida y muerte, sí mismo y no sí mismo –abandone todas esas ideas. No son de ninguna utilidad para usted.

Desee el bien de todos y el universo trabajará con usted.