Curso de Taoísmo · Clase II
El taoísmo filosófico
Pese a que va a mantener siempre relaciones e influencias del pensamiento religioso y las prácticas físicas, como las relacionadas con la conservación del jin qi, vamos a centrarnos hoy en el taoísmo que podemos llamar más filosófico, siendo que su filosofía estará siempre embebida de tanto de ética como de espiritualidad.
Zhuangzi
Zhuangzi, supuesto autor del recopilatorio que lleva este mismo nombre «maestro Zhuang», al igual que Laozi es una figura cargada de leyenda. Vivió alrededor del s. IV a.C. y no se sabe a ciencia cierta si fue anterior o posterior a Laozi. Cuando, con el tiempo, se ensalzó la figura de Laozi hasta el punto de divinizarse, empezó a considerarse a todos los maestros taoístas como posteriores a él, pero de hecho, comparando ambos textos, resulta bastante plausible que Zhuangzi fuera anterior, ya que en él las ideas son de un taoísmo muy puro y muy práctico, sin la elaboración más abstracta que encontramos en el Tao Te King.
En Zhuangzi no encontramos una propuesta metafísica claramente identificable, sus textos son sobre todo relatos y diálogos que fueron recopilados y ordenados por Guo Xian hacia el 310 d.C., distribuyéndose en 33 libros. Es discutible que todos ellos sean del mismo autor, pero sí que encontramos mucha coherencia en los llamados «libros interiores» que, por cierto, mencionan poco al Tao y son reclamados también por el confucianismo, aunque lejos estaba este pensador escéptico y hasta cierto punto cínico, del ritualismo y la tradición defendidas por los confucianos.
Resumimos algunas de sus ideas:
La vida es limitada y las cosas por saber son ilimitadas. Usar lo limitado para buscar lo ilimitado es una necedad. Nuestro lenguaje, cognición, etc. están condicionados por nuestra propia perspectiva y debemos tener cuidado al considerar que nuestras conclusiones son igualmente válidas para todas las cosas. (Ver relato del ladrón de hachas y el encuentro con el cráneo).
Un hombre pierde su hacha y sospecha que el ladrón ha sido el hijo de su vecino. Cuando le ve de nuevo, su forma de caminar le parece la propia de un ladrón de hachas. Sus rasgos, los de un ladrón de hachas, cada uno de sus gestos, su forma de comportarse, los propios de un ladrón de hachas. Un tiempo después, el hombre va a cavar al valle y se encuentra el hacha perdida. Al día siguiente, cuando vuelve a ver al hijo de su vecino, ninguno de sus movimientos, ninguno de sus gestos, le parecen más los de un ladrón de hachas20. Este caso demuestra cómo la experiencia está cargada de prejuicios y presunciones, cómo en el fondo vemos lo que queremos ver. Como consecuencia de una mente fragmentada, dejamos de ser espejo de aquellos que vivimos. Proyectamos como individuos no solamente nuestro propio horizonte vital, sino también nuestros miedos, nuestros deseos, y la interpretación que dejan más tranquila a nuestra conciencia. Por ello el campesino reconoce claramente en el hijo de su vecino la cara del ladrón. Es necesario encontrar un responsable, y la mente no puede vivir sin él. En el momento en el que el hacha es encontrada, ya no existe la necesidad de encontrar un responsable externo de la pérdida. Ya no hace falta ocultarlos ante nosotros mismos que quizá su desaparición se haya debido al descuido o al olvido. Siempre es más fácil liberarnos de toda responsabilidad echando las culpas a lo que está fuera de nosotros, fuera de nuestro control. Zhuangzi demuestra que sabe perfectamente que nosotros no procesamos información, sino que la cocinamos. Si la mente no se convierte en espejo y evitamos toda intencionalidad, la experiencia por sí misma tampoco se convierte en un elemento de conocimiento, no incrementa nuestra sabiduría ni nos coloca en la senda del Tao.
No existe ninguna creencia, ninguna ley de carácter superior que limite de alguna manera la libertad humana y la posibilidad de construcción del significado de la experiencia. Nos invita con ello a apurar hasta el último sorbo de lo vivido, lo infinitamente cercano, extrayendo de cada experiencia mucho más de lo que podríamos esperar. Para ello utiliza a menudo el relato o el diálogo y presta más atención a los efectos que producen las ideas que a las ideas mismas. Esos efectos funcionan como una epifanía que permite acercarse a comprender una experiencia en su totalidad y provoca un cambio. En este contexto, cuando hablamos de experiencia no nos referimos a un experimento ni a algo extraordinario o remarcable, sino que entendemos que es el substrato familiar de nuestras actividades cotidianas conscientes, lo que no resulta fácil de percibir por demasiado cercano, demasiado común. Es una forma de atención que requiere de cultivo, un arte de vivir.
En occidente se suele interpretar la experiencia a partir de la separación sujeto-objeto. En contraposición, el pensamiento taoísta ve el mundo como algo inseparable de nosotros mismos. Por eso el arte de vivir se parece más al arte de navegar (y veremos la importancia del elemento líquido en el taoísmo, sobre todo en Laozi) que al arte de la guerra.
La naturaleza no necesita de normas ni de educación. No debemos esforzarnos por ser mejores, sino permitir que lo mejor que tenemos en nuestros corazones se manifieste con espontaneidad y libertad, actuando con la misma natural virtud con la que una planta medicinal cura. De hecho, el esfuerzo en sí mismo nos aleja del ideal y puede convertirnos en lo contrario, pues un extremo llevará al polo opuesto.
WU WEI: La acción sin intención. Sólo es plenamente ético aquello que se hace por sí mismo, que tiene fin en sí mismo, emulando al Tao, que «No actúa y, sin embargo, nada deja por hacer».
Experimentar el mundo significa experimentar el Tao. La experiencia humana comienza y termina en sí misma, cuando está en armonía con el Cielo, refleja el mundo como un espejo.
Bien y mal; útil e inútil; verdadero y falso, son categorías ilusorias, ajenas a la totalidad de la experiencia. Ésta es en todo punto infinita. Podría compararse a una epojé fenomenológica.
Cercano a Wittgenstein en algunos puntos: el lenguaje está reñido con la experiencia, no puede contenerla. La solución está contenida en la premisa. Basta con que nos detengamos en ella sin tratar de superarla, la sabiduría consiste precisamente en saber detenerse.
Al contrario que el racionalismo occidental, los taoístas consideran que la naturaleza es algo en lo que se puede y se debe confiar, aquí vemos la herencia de los primeros «sabios ocultos». No sucede lo mismo con la consciencia, no es un punto de referencia fiable, ya que ella misma es discontinua, olvidadiza. Cuando llegamos al conocimiento inmediato del virtuoso, la consciencia desaparece. Esta visión se contrapone bastante a otros exponentes de la filosofía advaita, como el Advaita Vedanta, donde la realidad unificadora es precisamente la Consciencia.
Toda medida es relativa. La naturaleza está en movimiento y unas cosas se van transformando en otras. La única forma de ser libre es unirse a las metamorfosis de la vida. Estas transformaciones no son cíclicas, no nos permiten conocer cuál será la siguiente etapa a partir de las anteriores. Es un cambio caótico que parte de un orden para instaurar otro nuevo constantemente. Es necesario un vacío interior que permita integrarse en estas metamorfosis, un ayuno de mente, un olvido ontológico.
La vejez y la muerte no son resultado del paso del tiempo sino de la rigidez del cuerpo y de la mente.
Zhuangzi muestra admiración por el hombre que observa las cosas tan solo por aquello que les da unidad, sin mirar lo que han perdido, «para él, perder su propio pie era como sacudirse el barro de encima». Esto es para Zhuanzi la libertad: superar las categorías, liberarse de la afirmación de la propia identidad.
El Tao es la totalidad y por ello unifica en un monismo ontológico todo lo que existe, pero también es el vacío y engloba lo que no existe.
Igual que un muelle se destensa, también un ser humano que deje de escuchar a su cuerpo y que no viva la armonía con lo que le rodea y que racionalice todo, acabará perdiendo la capacidad de vivir con plenitud.
Zhuangzi, como otros taoístas plantea una utopía social basada en la idea de la «pérdida de virtud perfecta». Condena las diferencias sociales, el poder del Estado y el interés privado. Propugna la ayuda mutua y el vivir en armonía con la naturaleza.
El sueño de una mariposa:
Érase una vez, Zhuang Zhou soñó que era una mariposa, una mariposa revoloteando felizmente. No sabía que él era Zhou. De repente, despertó y era palpablemente Zhou. No supo si era Zhou, quien había soñado que era una mariposa, o una mariposa soñando que era Zhou. Ahora, debe haber una diferencia entre Zhou y una mariposa. Esto es llamado la transformación de las cosas.
Laozi
Laozi significa anciano maestro y es el nombre con que se conoce a la figura más emblemática del taoísmo y a su obra (aunque en occidente se la suele denominar Tao Te King). No se sabe con exactitud cuándo vivió; la leyenda lo sitúa en el s.VI a.C., pero la mayoría de expertos están de acuerdo en que debió vivir más tarde, hacia el IV a.C., siglo del que data la primera reproducción de su obra sobre pergaminos de bambú. Una de las leyendas sobre él es que nació debajo de un ciruelo y su primer nombre fue Li-Er, orejas de ciruelo. Otros afirman que fue contemporáneo de Confucio y trabajó como archivista de la corte imperial Zhou. En un tercer relato era el astrólogo de la corte, Lao Dan, que vivió durante el reinado del duque Xian de Qin.
No podemos saber con exactitud detalles de su vida e incluso podemos dudar de que todos los capítulos del Tao Te King salieran de su mano, pero podemos abordar este texto y sus enseñanzas con calma, ya que presentan el lado más metafísico y cosmológico del taoísmo. Para ello nos encontraremos con algunas dificultades, como la de la traducción, pero, si nos embebemos de la propuesta taoísta, podemos dejar que la lectura sea una experiencia en sí misma.
El Tao Te King es un estudio de la Naturaleza en el sentido más amplio del término. De la naturaleza humana, de las cosas, de la vida y del universo.
Temas y características del Tao Te King (Laozi):
El Tao es el principio de realidad. Rige lo existente y lo no existente; es el ser y el no ser; es el cambio y la quietud. En cierto sentido, Unifica el Taiji y el Wuji. Cualquier dualidad le es ajena.
Se insiste en los errores de la inteligencia, la ambición y la presunción. La consecución de un fin te aleja del mismo. Como el arma demasiado afilada que se quiebra, un extremo desemboca en su opuesto.
Todo esfuerzo es contrario al Tao. Dejarse caer en la propia naturaleza hace a los hombres buenos y representa la mayor libertad.
Elogio de lo femenino; lo blando; lo débil; el elemento fluido. Ahondaremos en estos temas en la próxima clase.
El Tao es anterior al Uno. Las relaciones con el monismo y creencias y filosofías circundantes también las abordaremos en la próxima clase.
El poder o la verdadera función de las cosas la encontramos en el vacío. Por ejemplo, toda la virtud de la vasija está en el espacio vacío que envuelve.
El Tao es incognoscible e inefable. Como en el Zhuangzi, es vano tratar de hablar del Tao o tratar de conocerlo mediante los sentidos o el raciocinio, pues lo infinito escapa a los medios finitos.
El Te
El Tao, por una parte trascendente, por otra, a medida que se manifiesta, se hace inmanente en los seres. Y a eso es a lo que Laozi llama Te, la «virtud» del Tao.
El sinograma Te está formado por tres componentes gráficos que significan: caminar; mente (corazón) y rectitud. Desde los tiempos antiguos se usaba para representar una buena conducta o una conducta virtuosa. De ahí que sea de uso común traducirlo por «virtud» y que hoy en día forme parte de los términos dexing y daode en el chino moderno, que traducen nuestro término virtud en un sentido moral. Sin embargo, en el taoísmo, el sinograma Te va a adoptar el significado que corresponde más a la etimología del latino virtus: fuerza; eficacia; poder.
Se trata pues de la virtud o la eficacia del Tao, que se manifiesta al particularizarse en los seres y más que la particularidad, se convierte en la singularidad de cada una de las cosas. El Te es entonces el puente entre el Tao, infinito e incognoscible y la multitud de las cosas, como si fuera algo así como su canal de manifestación.